Manel Barriere Figueroa

Manel Barriere Figueroa

Biografía

Estudié cine en el Centre Calassanç-ESCAC, de Barcelona, y he desarrollado mi carrera profesional como montador, guionista y docente en el Curso de Animación Experimental de la UCM. Empecé como activista en 1998, en el movimiento anti-globalización, y luego en el movimiento contra la guerra de Irak. Ya en Madrid, de 2005 a 2013 formé parte de la Comisión Ejecutiva del sindicato de Técnicos del Audiovisual y del Cine del Estado español, participando activamente en la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadoras del Espectáculo y en el movimiento Cineastas Contra la Orden.
Estoy en Podemos desde sus inicios, en el Círculo de Pozuelo de Alarcón primero y en el de Majadahonda cuando este se formó, después de las elecciones europeas.

Motivación

Entiendo Podemos como un viejo sueño hecho realidad.
En el primer Foro Social Europeo de Florencia en 2002, asistí a una sesión sobre la relación entre los movimientos sociales y los partidos políticos. Allí se acuñó un término que ha marcado esta relación dese entonces: confluencia paralela. Es decir, juntos pero no revueltos. A mi esta relación nunca me ha parecido satisfactoria.
Siempre he pensado que las organizaciones políticas son herramientas de transformación social, y que la gente que se lanza a la calle en un momento dado para reivindicar un cambio político, necesita de estas herramientas para lograrlo. Desde entonces, muchas nuevas generaciones, si me permitís la expresión, se han perdido por el camino. Gente joven, nueva, fresca, abierta. Cuando pasa la ola ya no están.
Hasta hoy. El 15M fue una escuela de democracia que enseñó a mucha gente lo que hay que hacer y lo que no, una revolución cultural que nos cambió. Pasamos de vivir movilizaciones enormes que parecían no servir para nada, a darnos cuenta de que podíamos canalizar toda esa energía hacia una fuerza política efectiva.
PODEMOS es esta fuerza. La hemos creado, y ahora hay que usarla. Pero usarla no es votar. Eso lo llevamos haciendo desde el 78. Usarla es seguir en la calle, seguir movilizándonos, seguir reivindicando, protestando, exigiendo. Porque la fuerza la tienen los pueblos cuando se levantan, cuando pierden el miedo y actúan.

Actuemos,
pues el miedo ya lo hemos dejado atrás.