Juan Antonio Aguilera Diaz

Juan Antonio Aguilera Diaz

Biografía

Nacido en Madrid en 1961.
Trabajador de la Casa de la Moneda (FNMT-RCM).
Mi mayor actividad sociopolítica ha sido la sindical. Miembro del Comité de Empresa en distintas elecciones, he pasado por varios sindicatos, hasta contribuir a fundar en 2009 Espacio de Participación Sindical (EPS), una organización de nuevo cuño que enlaza con los movimientos del 15M. Actualmente delegado sindical.
Pasé por IU-LV, donde se me levantó expediente de expulsión en 2011, por defender el 15M. Abandoné esa organización cuando comprendí que era un cascarón vacío.
Miembro fundador en 2009 de la asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, en representación de la Asociación Cultural Dolmen de Dalí. Defensor del patrimonio histórico-artístico desde el punto de vista del pueblo: defensas de Plaza de Dalí y Torre Arias. La apreciación del arte ya no es exclusiva de nobles, burgueses y clero.
Gracias a mi esposa, que se integró previamente, desde hace meses estoy trabajando en el Círculo de San Blas-Canillejas.

Motivación

Desarrollar e implementar premisas de actuación y funcionamiento auténticamente integrales y democráticas. Integrales porque contemplen todas las facetas del ser humano, en especial las sociológicas, psicológicas y antropológicas. Democráticas porque reconozcan la igualdad básica de todos los seres humanos, el derecho de juicio y acción propios, y su capacidad para evolucionar, desarrollarse y progresar, sin estar sujetos al autoritarismo ni la alienación provocada por las élites dominantes.
En particular, anulación de las bases de la cultura occidental: capitalismo y cristianismo eclesial. Trabajar para que se realice la 2ª Toma de la Bastilla, la superación del capitalismo, lo cual implica la eliminación del dinero. Redefinir el “trabajo” no en función de la productividad y la economía, sino como actividad humana consciente; todo es trabajo. Desenmascaramiento del cristianismo eclesial como dictadura ideológica que impide el desarrollo de la persona. Toda persona tiene en sí misma las capacidades para evolucionar totalmente, no se necesita ningún salvador externo. Las mujeres, lo femenino, no pueden seguir siendo ideológicamente identificadas con “el mal”; todos somos seres dobles, masculinos y femeninos.
Para ello es necesario, de forma prioritaria, revitalizar el sindicalismo haciéndolo integral y democrático. Abrirlo a todas las personas, “empledas y no empleadas” según la errónea definición actual: amos/as de casa, paradas/os, estudiantes, jubiladas/os…

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