Beatriz Rilova Barriuso

Beatriz Rilova Barriuso

Biografía

Nací en Tarragona hace 34 años pero llevo casi la mitad de mi existencia en Barcelona, a donde llegué a los 18 para estudiar Biología. Enseguida me di cuenta de que quería dedicarme a la docencia, y eso he hecho durante casi 12 años: dar clases de Ciencias a adolescentes, enseñándoles lo que sé y aprendiendo de ellos lo que no saben que saben para ser mejor profe. Son estos chavales y chavalas los que creo que me han traído hasta donde estoy hoy.

Recuerdo que en alguna de las primeras clases, hablando sobre la investigación y el negocio de las farmacéuticas, alguien soltó algo así como “Bea, pero es que para que nosotros estemos bien, algunos han de estar mal”. Algo más tarde, armando un proyecto para traer un carril bici hasta el colegio, otro alumno dejó caer que “bah, total, que yo venga en bici no va a servir para mejorar nada”.

Combatir esas dos actitudes, egoísmo y resignación, han sido el motor para ir a clase todos los días a contarles que se puede ir por la vida de otra forma. Hace unos meses, con una huelga de estudiantes por delante, una alumna me dijo que ella no vendría a clase “porque nos quieren tontos y no me da la gana que sea así”.

Constatar que del “Nosotros” del primer alumno al “Nosotros” de esta última ha habido un cambio, me tiene esperanzada. Y aquí estamos.

Motivación

Cuando me presenté a las Europeas hablaba de “potencial en abstracto” y de “gente ilusionada que se acerca a participar”. Releo y esbozo una sonrisa: si entonces me presenté con la convicción de que estábamos armando algo gordo, resulta que lejos de quedarnos en piedra en el estanque, hemos sido meteorito. Y el estanque avanza precipitadamente en su estado de putrefacción. Desde que decidimos Mover Ficha, muchas cosas han sucedido: un rey que abdica y que reponen sin consultar, una lavada de cara (sin cepillo y sin jabón) en la cúpula del PSOE. Y la lluvia de casos de corrupción que no cesa.

Mientras, Podemos no hace más que sumar apoyos; círculos y más círculos salpican el mapa, y es allí donde he conocido a Ruth, a quien su banco amenaza con embargarla por no poder pagar la factura de la luz; a Pere, que acabó en el hospital porque los Mossos decidieron que manifestarse contra el desalojo de Can Vies era motivo suficiente para propinarle unos azotes; a Ana, que pese a sus 6 años de experiencia como ingeniera, tras ser despedida en un ERE, su empresa le ofrece reincorporarse con un contrato de prácticas. Con esta y con tanta otra gente desobediente, creativa y noble, quiero seguir trabajando para traer lo nuevo.

Ahora toca dar otro paso al frente. Quiero formar parte de ese 50% de mujeres que conformarán el Consejo Ciudadano con el que demostrar que claro que Podemos. La experiencia que puedo aportar me la ha proporcionado el estar trabajando desde el principio, sintiendo que “La necesidad siempre fue madre de la audacia”. Grandes dosis de audacia son las que hemos derrochado para levantar el proyecto, y otro tanto vamos a requerir para llevarlo a las instituciones. Con la mochila ligera de prejuicios y viejas lógicas, me pongo al servicio de Podemos en este nuevo tramo del viaje.